A mi yo de diez años




El rostro desnudo, el pelo virgen,la mirada incesante.
Las manos frías, los labios pálidos, la piel tierna e inmadura. 
En el vientre, el trazo de caricias suaves y risas infantiles
le da vida a la imagen pura de la edad de la inocencia.

Hoy, en el anhelo del olvido, no me queda más que pedirte perdón.
¿Qué más decirle a una niña privada de cualquier esperanza?
Tu sonrisa se fue desvaneciendo como el sol en el ocaso,
y el destello en tus ojos se fue opacando hasta ya no ser.

En este mundo de constantes decepciones ,
me duele saber que tu vida se convirtió en una de ellas.
Te rompieron, te apagaron, y yo no pude salvarte.
Hoy ya crecimos, y la vida nos paso por encima sin darnos cuenta.

Hoy, en el anhelo del olvido, no me queda más
que desear volver el tiempo atrás, y poder inundarte de vida.
Pero ya no puedo despertarte, y el tiempo no puede ser vuelto atrás.
Simplemente, perdón.

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