el placer de la tristeza



Un alma implora escapar
a gritos sórdidos que nadie oye.
Cunde en el ambiente el abatimiento,
la pesadez de combatir lo intangible.
Las fobias se dispersan,
la penetran en cada parte de su ser.
El desvanecimiento ocurre en los retazos del olvido,
y la memoria retorna disfrazada de nostalgia.

La invade una inmensa enajenación de si misma.
La rodean puertas abiertas,
pero no se atreve a cruzar alguna.
La clausura incrementa a fuego lento
se va ahogando en un mar de estrellas que no brillan.
Cerca se encuentra la salida, pero no la toma.

Es que hay algo de adicción en el estado de tristeza. 

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