sábado




Mañana de primavera.
Todavía se siente el frío,
el rocío áspero, cortante 
le roza la piel al descubierto.

Encara la misma caminata 
de todos los sábados.
¿Para qué?
La rutina lo persigue.

Mismas calles, mismas personas,
encerrados en una ciudad
llena de vivencias
que se esfumaron en em pasado.

Ahora solo camina
y sigue caminando,
preguntándose que hará de su propia vida, 
pero no sabe.

Se dice a si mismo
que seguro lo sepa
el próximo sábado,
igual que se dijo a sí mismo
el sabado pasado.



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